SANTÍSIMA VIRGEN

«La voluntad de Dios es que lo recibamos todo de María», dice San Bernardo.

Santísima Virgen antigua imagen de la Anunciación

SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA: REFUGIO DE LOS PECADORES

Es indiscutible que nuestra Madre del Cielo toma bajo su protección a los hijos que se han desviado del camino recto. Como buena Madre, llena de bondad y de ternura, ejerce las delicadas atenciones de su Corazón con más predilección con aquellos que más lo necesitan: los pobres pecadores.

Cuando oye sus gemidos, pidiéndole socorro, los acoge al instante. Ella les conseguirá las gracias que facilitarán su arrepentimiento y la Confesión de sus pecados por numerosos y graves que sean. Ella es, por excelencia, la Reconciliadora de los pecadores, y merece, por tanto, con justicia, el título de  «Refugio de los pecadores».

¡Oh, María! Ruega por nosotros cuando nos confesamos: ilumina nuestras conciencias, consíguenos una contrición perfecta de todos nuestros pecados, inspíranos los propósitos necesarios y danos la fuerza de cumplirlos fielmente.

ORACIONES

Imagen blanco y negro decoración parecida al Ángelus

ÁNGELUS

V. Ángelus Dómini nuntiávit Maríae.
R. Et concépit de Spíritu Sancto.

Ave María, grátia plena…

V. Ecce ancílla Dómini.
R. Fiat mihi secúndum verbum tuum.

Ave María, grátia plena…

V. Et Verbum caro factum est.
R. Et habitávit in nobis.

Ave María, grátia plena…

V. Ora pro nobis, Sancta Dei Génitrix.
R. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

Oremus:
—Grátiam tuam, quáesumus, Dómine, méntibus nostris infúnde: ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui Incarnatiónem cognóvimus, per Passiónem ejus et Crucem, ad Resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum. R. Amen.                            

ÁNGELUS

V. El Ángel del Señor anunció a María.
R. Y (Ella) concibió por obra del Espíritu Santo.

Dios te salve, María…

V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en Mí según tu palabra.

Dios te salve, María…

V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.

Dios te salve, María…

V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas (y gracias) de Nuestro Señor Jesucristo.

Oración:
—Te suplicamos, Señor, que derrames tu Gracia en nuestras almas, para que los que por el anuncio del Ángel hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y su Cruz seamos llevados a la gloria de su Resurrección. Por el mismo Cristo, Nuestro Señor. R. Amén.

 

MAGNÍFICAT

Magníficat ánima mea Dóminum.
Et exsultávit spíritus meus in
Deo salutári meo.

Quia respéxit humilitátem ancíllae suae: ecce enim ex hoc beátam me dicent
omnes 
generatiónes.

Quia fecit mihi magna qui potens est: et Sanctum nomen ejus.

Et misericórdia ejus a progénie in progénies timentibus eum.
Fecit poténtiam in bráchio suo:
dispérsit supérbos mente cordis sui.

Depósuit poténtes de sede,  et exaltávit húmiles.
Esuriéntes implévit bonis: et dívites dimísit inánes.

Suscépit Israël púerum suum,  recordátus misericórdiae suae.
Sicut locútus est ad patres nostros, Abraham, et sémini ejus in sáecula.

Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto.
Sicut erat in princípio, et nunc,
et semper, et in sáecula saeculórum. Amen.

MAGNÍFICAT

Engrandece mi alma al Señor.
Y mi espíritu se regocija en Dios,
mi Salvador.

Porque miró la bajeza de su esclava;
pues, he aquí, desde ahora me
llamarán Bienaventurada todas las generaciones.

Porque ha hecho en Mí grandes cosas el
que es Poderoso: y su nombre es Santo.

Y su misericordia se extiende de
generación en generación sobre
los que le temen. 
Hizo prodigios
con su brazo; esparció a los soberbios
en el pensamiento de su Corazón.

Destronó a los poderosos y ensalzó
a los humildes.
Llenó de bienes a los hambrientos
y a los ricos dejó con las manos vacías.

Recibió a Israel, su siervo, acordándose
de su misericordia.
Según habló a nuestros padres, Abrahán
y su descendencia para siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, y ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

 

SANCTA MARIA, ORA PRO NOBIS.

Fuente: Misal Diario y Vesperal, por Dom Gaspar Lefebvre.
Traducción castellana y adaptación del R. P. Germán Prado (monje benedictino de Silos, España).
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