OBSEQUIOS A MARÍA SANTÍSIMA

OBSEQUIOS QUE LOS HIJOS AMANTES DE MARÍA SUELEN TRIBUTAR A ESTA AMABILÍSIMA MADRE

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1. Conságrale el Mes de Mayo. Apenas hay en el mundo católico una sola provincia en donde no se haga el mes de María, y la España, esa nación predilecta de la Virgen, ¿poseería aun dilatadas comarcas que no uniesen sus alabanzas y obsequios a aquellos que todo el mundo tributa a nuestra Señora durante el hermoso mes de mayo?

2. Celebrar sus fiestas comulgando con especial fervor y preparación. Vio Santa Gertrudis cómo María cobijaba con singular cariño bajo su manto a multitud de almas que se habían preparado a la fiesta de la Asunción con particular cuidado.

3. Tener con mucha decencia una imagen de la Virgen María en casa y obsequiarla con lo mejor que se pueda. Tanto gusta esta Señora del culto que tributamos a sus imágenes que restituyó a San Juan Damasceno la mano que los herejes iconoclastas le habían cortado en odio por sus escritos en favor de las Santas Imágenes.

4. Salúdala afectuosamente al pasar delante de una iglesia o imagen de María¡Qué dicha la de San Bernardo! Saludábala según costumbre, y un día esta tierna Madre le devolvió la salutación diciéndole: «Dios te salve, Bernardo».

5. Pídele la bendición al levantarte por la mañana y al acostarte por la noche. ¿No lo hacen con sus padres los hijos bien educados? Así lo hacía San Estanislao Kostka y mereció en dos ocasiones comulgar de mano de los Ángeles y que María Santísima pusiese en sus brazos al Niño Jesús.

6. Al salir de casa pide a la Santa Virgen que bendiga tus pasos y acciones. Habiéndolo practicado así el gran Patriarca Santo Domingo, logró convertir a innumerables almas, que María Santísima asistiese a su muerte y lo convidase con la Patria Celestial. 

7. Inspira a otros, sobre todo a tus hijos y dependientes, la devoción a Nuestra Señora. El celoso promotor de esta práctica, San Alfonso María de Ligorio, predicaba un día de las glorias de María y se le vio arrobado en éxtasis, el semblante todo refulgente, con la luz celestial que reflejaba en su rostro una estatua de la Virgen.

8. Cuando dé el reloj, di con gran afecto el Avemaría. «Este es el mejor modo de saludarme», dijo nuestra Señora a Santa Matilde. Y el eximio doctor Francisco Suárez confesaba que daría toda su ciencia por el mérito de una sola Avemaría rezada con devoción.

9. En los peligros y tentaciones acógete al manto de la Santa Virgen, invocando su auxilio. Hízolo así el beato Santi viéndose molestado de una tentación impura: se le apareció la Reina de las Vírgenes, púsole la mano en el pecho y quedó al instante libre de la tentación.

10. Di mañana y tarde un Avemaría con la oración Oh, Señora y Madre mía. Jóvenes impuros y pecadores muy desalmados se convirtieron por este medio. He aquí lo que excitó a N. SS. P. Pío IX a enriquecerla de tantas indulgencias. A continuación, la dichosa oración:

¡Oh, Señora mía! ¡Oh, Madre mía ! Yo me ofrezco todo a Vos: y en prueba de mi filial afecto os consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo vuestro, ¡oh, Madre de Bondad!, guardadme y defendedme como a cosa y posesión vuestra. Amén.

11. Decir el Memorare o Acordaos con toda confianza, para alcanzar una preciosa muerte. Con esta oración obtuvo el apostólico varón P. Bernardo la conversión de muchos facinerosos obstinados: hasta de uno que de un furioso puntapié lo había arrojado de la escalera del patíbulo. He aquí la celestial oración:

¡Acordaos, oh, piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que hayan sido abandonados de Vos los que han recurrido a vuestra protección, implorado vuestra asistencia y reclamado vuestro auxilio. Animado con esta confianza, vedme, pues, aquí, ¡oh, Virgen, Madre de las Vírgenes!, gimiendo y sollozando bajo el pesado yugo de mis pecados. No desechéis, ¡oh, Madre del Verbo!, mis humildes súplicas, antes bien oídlas y despachadlas favorablemente. Amén.

12. No dejes pasar día alguno sin que ofrezcas tu corazón, tu familia y tus dependientes a la Virgen Santísima. Ofrecíale un día San José de Calasanz [a Nuestra Señora] a sus alumnos de las Escuelas pías y apareciósele esta Cariñosa Madre con el Niño Jesús en los brazos, dándoles al Santo y a los discípulos su preciosa bendición.

13. Constituye a María como la primera Administradora de tu casa y de tus intereses. Santa Teresa nombrando a la Virgen Superiora de todos los conventos que fundaba, y poniendo a sus Pies las llaves de la casa, salió victoriosa de gravísimas e innumerables dificultades.

14 . Llevar siempre puesto el Santo Escapulario del Carmen. Luis XIII llevó también esta librea de la Virgen del Carmen. ¿Y sabes por qué? Porque vio en el sitio de Montpeller a un soldado que, herido de una bala, quedó ileso, aplastándose el proyectil sobre el Santo Escapulario.

15. Oír o encargar celebrar alguna Santa Misa [Tradicional] (1) en honor de María Santísima. Cuán acepta sea a Dios esta devoción  lo publican bastante los Ángeles que aran mientras San Isidro oye Santa Misa, y su esposa Santa María de la Cabeza que, viniendo de una ermita de la Virgen, pasa un caudaloso río a pie enjuto.

16. Visitar alguna iglesia a altar consagrado a Santa María. Este era el primer cuidado del piadoso rey San Enrique al llegar a un pueblo, y María se lo pagó devolviéndole la visita a la hora de la muerte.

17. Haz limosna a un pobre en obsequio de esta Señora, encargándole a este que rece un Avemaría. Santa Isabel, reina de Hungría, siendo niña, daba a los pobres el dinero que recibía de sus padres para juguetes y diversiones: ¿y qué favores no recibió de esta Amantísima Madre?

18. Visita y consuela a algún enfermo por amor a María. Acompañaba el Beato
Alonso Rodríguez a un Padre jesuíta en este acto de caridad cuando, al subir en el rigor del verano una áspera montaña con mucha pena y fatiga, se le apareció María Santísima y se dignó enjugarle el sudor que corría por su rostro.

19. Socorrer a las Almas del Purgatorio más devotas de María Santísima. A Santa Brígida que tenía esta devoción le dijo la misma Virgen que este era uno de los obsequios que más le complacían.

20. Entrar en alguna congregación de la Virgen [aprobada por la Iglesia Católica y conforme a la Tradición, esto es, antes Concilio Vaticano II] y observar fielmente sus estatutos. Preguntando el Padre Lesio a su penitente, el inmortal Justo Lipsio, que estaba para exhalar el último suspiro, qué cosa le daba más consuelo en aquella hora, este respondió: «Padre, el haber procurado ser en vida fiel congregante de la Virgen».

21. Llevar alguna medalla de la Virgen y, apretándola de tanto en tanto sobre el corazón, decirle: «Yo os lo entrego, oh, Madre mía, para siempre». El gran Padre San
Ignacio de Loyola, que solía hacerlo a menudo, logró ser más de 30 veces visitado de la Virgen y que le dictase, según se cree, el admirable libro de los Ejercicios.

22. Compadecerse de los Dolores de Nuestra Señora y rezar en su honor 7 AvemaríasSanta Margarita de Cortona por haberse compadecido de los Dolores de esta Afligida Madre alcanzó señalados favores del Cielo.

23. Tener los sentidos, principalmente, la vista, recogidos en honor de la Virgen SantísimaEl angélico joven San Luis Gonzaga, que no se atrevía a mirar a la reina  ni aun a su propia madre, mereció que la Virgen del buen Consejo le hablase y le mandase a entrar en la Compañía de Jesús.

24. Al tocar las Avemarías, reza el Ángelus, aunque estés en público. San Carlos Borromeo hasta se apeaba de su caballo y se hincaba de rodillas en el lodo para tributar este obsequio a Santa María.

25. Ejercítese en algún oficio bajo y humilde. Un día que el V. P. Martín Alberro de la Compañía de Jesús recogía en obsequio de esta Señora la basura del colegio se le apareció esta Virgen Hermosísima y le encargó que La hiciese retratar. No saliendo el retrato conforme a tan noble Original, se apareció dos veces más la Santa Virgen a fin de que le pudiese el Padre retener y dar mejores señas al pintor: ¡y por fin salió el bellísimo cuadro que se veneraba en la iglesia de la Casa Profesa de Valencia!

26. Ofrecer de cuando en cuando sus penas y trabajos a Nuestra Señora. Haciendo Santa Catalina de Sena pan para los pobres en obsequio de esta Señora, la Madre Inmaculada de Dios se le apareció y le ayudó a hacerlo, dándole al pan un sabor exquisito.

27. Imitar las virtudes de la Virgen Santísima, y para esto preguntarse a menudo: ¿qué haría esta Madre puesta en las circunstancias en que yo me hallo? Esta imitación fue precisamente la que mereció a los Santos tan señalados favores de la Sacratísima Madre y tan alta recompensa del Hijo de Dios, Nuestro Señor Jesucristo.

28. El principal obsequio a la Santísima Virgen María es perseverar en su devoción, cualquiera que sea la que se haya abrazado. Omitió el V. Tomás de Kempis voluntariamente las devociones que solía rezar a Nuestra Señora. Vio, pues, en sueños cómo esta Madre abrazaba a sus compañeros, mas en llegando a él le dijo con rostro severo: «¿Qué aguardas tú que has abandonado las devociones que habías abrazado?».

29. Por último, nos permitimos agregar, sin duda alguna, que el mayor y más agradable obsequio que se le puede tributar a esta Reina de todo lo Creado, Madre de Dios y de nosotros, pecadores, es el rezo diario y devoto del Santo Rosario: Nuestra Señora prometió la salvación Eterna si perseveramos en su recitación hasta el fin de nuestros días. Asimismo, no hay nada que más honre a esta Soberana Princesa que el que cada uno viva como un verdadero y fiel católico, en estado de Gracia, esto es, observando los Mandamientos de Dios Nuestro Señor, sirviendo a la Emperatriz de Cielos y tierra como esclavos suyos y de su Hijo Santísimo Jesucristo. En otras palabras, esforzarnos con ayuda de la Gracia de Dios y el Patrocinio de Nuestra Señora a ser Santos y a amar con todo el corazón hasta la muerte, sin respetos humanos y con la Verdadera y Única Fe Católica de Siempre, a la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, cuyo Templo Augusto es nada menos que Nuestra Madre, María Santísima.

Notas:
(1). No es lícito ni agradable a Dios asistir a la misa moderna o Novus Ordo, es decir, a la nueva «misa» que configuró el Concilio Vaticano II aproximadamente en 1962, por lo que sería una ofensa a Dios y a Nuestra Señora el «mandar» a celebrar dicha «misa» protestantizada y dañina para la verdadera Fe Católica. La Única Santa Misa es la de Siempre: el Santo Sacrificio de la Cruz, en latín, conforme al Rito Tridentino, también llamada Misa de San Pío V, la cual dejó establecida a perpetuidad.


¡Oh, María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a Vos!

℣. Post partum Virgo Inviolata permansisti. ℟. Dei Genitrix, intercede pro nobis.

Fuente: Áncora de Salvación, Padre José Mach. Barcelona: Imprenta de Pons y Cía., calle de Copons, n.° 4
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