EL CORDÓN DE SAN JOSÉ, LIRIO DE PUREZA

EL CORDÓN O CÍNGULO DE SAN JOSÉ, LIRIO DE PUREZA

«Bienaventurados los puros de corazón». ¿Quién puede distinguir la belleza de un corazón puro? Un cristal perfectamente claro, un oro intachable y refinado, un diamante sin mota, una fuente esplendorosa no pueden compararse con la belleza y limpieza de un corazón puro. Hay que eliminar del corazón toda suciedad, especialmente, la que proviene de los placeres de los sentidos, pues una gota de estos perturba esta hermosa fuente de pureza. ¡Qué hermosa, qué radiante, es la fuente incorruptible de un corazón puro! Dios se complace en verse en ella como en un hermoso espejo.

La pureza de Dios está unida a nuestra pureza, que Él mismo ha puesto en nosotros. Nuestros ojos purificados la verán brillar y brillar con una luz eterna. «Bienaventurados, pues, los puros de corazón, porque ellos verán a Dios». Amemos la castidad más que todas las demás virtudes, porque hace puro al corazón.

He aquí, a propósito, algunos hermosos pensamientos de un Santo Sacerdote francés sobre la excelencia de esta virtud:

 «Lo más hermoso del mundo es tener un alma pura, dijo el venerable Cura de Ars, y si lo entendieras, no podrías perder tu pureza».

«Como una hermosa paloma blanca que sale de las aguas y agita sus alas sobre la tierra, el Espíritu Santo sale del océano infinito de las perfecciones divinas y agita sus alas sobre las almas puras para destilar en ellas el bálsamo del amor».

«Cuando uno ha conservado su inocencia, se siente llevado hacia arriba por el amor, como un pájaro es llevado por sus alas».

«Un alma pura es como una hermosa perla: mientras está escondida en una concha en el fondo del mar nadie piensa en admirarla; pero si la muestras al sol, brilla y atrae la atención. Así es que el alma pura, oculta a los ojos del mundo, brillará un día ante los Ángeles en el Sol de la eternidad.

«¡Qué alegría para el Santo Ángel de la Guarda tener bajo su cuidado a un alma pura! Todo el cielo la mira con amor».

«Las almas puras formarán un círculo alrededor de Nuestro Señor. Cuanto más puro haya sido uno en la tierra, más cerca estará de Él en el Cielo».

Pero, por desgracia, por muy hermosa que sea la pureza, también es frágil. Es como un espejo bien pulido que el más ligero aliento empaña. Es un lirio blanco y brillante que el menor roce desvanece. Es una lámpara encendida que el menor viento puede apagar. Y es un tesoro precioso que llevamos en una vasija de barro, que el mínimo descuido o el menor golpe pueden destruir para siempre.

El más mínimo golpe puede destruirla para siempre…

SAN JOSÉ, PATRONO DE LA PUREZA Y DE LA CASTIDAD

Por esto, para ayudarnos en nuestra extrema debilidad y fragilidad, Dios nos ha dado poderosos Protectores. Después de la Augusta y Siempre Virgen María, ningún Santo puede ofrecernos un modelo más perfecto y una ayuda más poderosa en la lucha incesante contra el mundo y la carne que San José, su Castísimo Esposo.

«San José, dice San Francisco de Sales, superó en pureza a los Ángeles y Arcángeles».

Si el sol material no necesita más que unos días para dar al lirio su deslumbrante blancura, ¿quién puede concebir hasta qué admirable grado llega la pureza de San José, expuesta día y noche durante tantas horas a los rayos del Sol de Justicia y de esta mística Luna que toma de él su esplendor?

Fue San José, quien, junto con su Santísima Esposa, levantó el estandarte de la Virginidad Perpetua, a cuya sombra han venido innumerables tropas de almas privilegiadas, que, con un corazón contrario al mundo, han llevado una vida angelical en la tierra.

El Santo Patrono de la Iglesia Universal posee una gracia especial para ayudarnos contra las tentaciones de la carne y de concupiscencia. Y su Nombre, invocado con confianza, lleva consigo, como el de Santa María, el amor a la pureza y a la Inocencia toda divina de Jesús, Infante Salvador, a la integridad de la Reina de las Vírgenes.

María Santísima encontró en el dulce José un celoso Defensor del glorioso privilegio de su Virginidad, contra el aliento venenoso de las herejías que intentaban destruirla: «Promptissimus Defensor contra derogantes virginitati mece», dijo la propia Virgen a Santa Brígida.

La Virgen Santísima halló en San José un Esposo digno de Ella. Jesús Niño descubrió en este Padre virgen una ternura digna de Él, ¡Dios del amor! Los brazos de San José llevaron a Jesús por los ásperos caminos de la peregrinación terrenal; su seno paterno le sirvió de lugar de descanso. Fue el Cuidador, el Custodio, el fiel Guardián del Verbo hecho carne para la salvación del mundo. La propia Virginidad se cobijó bajo su humilde techo.

Por eso, la Santa Iglesia Católica nos urge a recurrir al Esposo Angélico de la Reina de las Vírgenes, para que, bajo su poderosa protección, tengamos la dicha de mantenernos castos y puros en medio de todos los peligros que nos rodean. Nadie ignora que los cinturones o cordones que llevan algunos religiosos, como los que se ciñen los Sacerdotes antes de subir al altar santo, son símbolo de castidad.

Así, entonces, el Cordón de San José será el auxilio y refugio para mantenerse puro y casto. Será el custodio de alma, mente, corazón y cuerpo. Nos preservará de la contaminación del mundo, de la impureza del siglo, de la inmundicia de la lujuria. Nos mantendrá, en definitiva, bajo el amparo de este Custodio y Padre de Vírgenes, con el fin de entregar nuestro espíritu incontaminado, purísimo, a Dios en la hora de nuestra muerte.

HERMANDAD DEL CORDÓN DE SAN JOSÉ


La Santa Iglesia Católica, al ver en nuestros días la devoción de los fieles al Angélico Esposo de la Reina de las Vírgenes, María Santísima, hizo posible erigir la Hermandad del Cordón de San José después de haber determinado la solemne bendición que de ella debía hacerse. Entregamos aquí la traducción de estas fórmulas tan cuidadosamente examinadas en la Sagrada Congregación de Ritos, para que nuestros lectores puedan apreciar su belleza y virtud saludable.


PAPA PÍO IX

PARA PERPETUA MEMORIA


Nuestro querido hijo Armand-Joseph Claverie, Sacerdote, actual Director de la Archicofradía de San José, erigida canónicamente, según Nos dicen, en la iglesia del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de la ciudad de Beauvais, Nos informó del ardiente deseo de los asociados de esta Archicofradía de recibir el Cordón de San José para ganar las indulgencias concedidas por esta Santa Sede a los que llevan este Cordón. Para ello, Nuestro amado hijo nos ha rogado humildemente que aceptemos con benevolencia el deseo expresado por estos asociados, con el fin de facilitar a los fieles los medios para mantener una moral pura y llevar una vida santa, digna de un Católico, según el ejemplo y la protección de San José, que, por la admirable castidad de su vida inmaculada, mereció ser el Guardián y Padre adoptivo de Jesús, el Rey de las Vírgenes, y el Esposo de la Inmaculada Concepción.

Por eso, por la misericordia de Dios Todopoderoso y apoyado por la autoridad de los Santos Apóstoles, Pedro y Pablo, Otorgamos al actual Director de dicha Archicofradía, y a cada Director a cargo después de él [cualquier Sacerdote en nuestros tiempos], la facultad de bendecir e imponer a los asociados los llamados «Cordones de San José», con aplicación de las indulgencias concedidas por esta Santa Sede, a condición de utilizar la fórmula aprobada por la Sagrada Congregación de Ritos el 19 de septiembre de 1859.

Al mismo tiempo, le otorgamos y le concedemos, en virtud de Nuestra Autoridad Apostólica, poder comunicar libre y lícitamente la misma facultad a los Directores, pro tempore, de las cofradías erigidas o por erigirse […]. Las presentes deben ser válidas a perpetuidad, sin perjuicio de cláusulas contrarias.

1864, año XIX de nuestro Pontificado.

N. Cardenal Paracciani Clarelli.

Lugar del sello.

Hemos visto y reconocido el presente Breve.

Beauvais, 30 de diciembre de 1864.

+ Ios. -ARM.,

Obispo de Beauvais, Noyon y Senlis.

¿CÓMO ES EL CORDÓN O CÍNGULO DE SAN JOSÉ?

Los Cordones de San José deben ser blancos, de lana o de hilo. Se ponen debajo de la ropa o vestido, y deben mandarse a bendecir por un verdadero Sacerdote.

Aquellos que lleven consigo el Cordón o Cíngulo de San José pueden ganar todas las indulgencias con las que están enriquecidos.


ORACIONES PRESCRITAS POR LA HERMANDAD DEL CORDÓN DE SAN JOSÉ

Para ser partícipes de las gracias del Cordón, hay que recitar todos los días, en honor al Glorioso San José, 7 Gloria Patri, a los que se puede agregar, con devoción, la siguiente oración enriquecida con 100 días de indulgencias:

LATÍN

Vírginum custos et pater, Sancte Joseph, cujus fidéli custódiae ipsa Innocéntia Christus Jesus, et Virgo Vírginum Maria commíssa fuit: Te, per hoc utrúmque, charíssimum pignus, Jesum et Mariam, óbsecro, et obtéstor, ut me ab omni immundítia praeservátum, mente incontamináta, puro corde, et casto córpore, Jesu et Maríae semper fácias castíssime famulári. Amen.

ESPAÑOL

¡Oh, Custodio y Padre de Vírgenes, San José! A cuya fiel custodia fueron encomendadas la misma Inocencia, Cristo Jesús, y la Virgen de las Vírgenes, María. Por estas dos preciadísimas prendas, Jesús y María, te ruego y suplico me alcancéis que, preservado de toda impureza, sirva siempre castísimamente, con alma limpia, corazón puro y cuerpo casto, a Jesús y a María. Amén.



INDULGENCIAS ESPECIALES ADJUNTAS AL CORDÓN DE SAN JOSÉ

(Cartas Apostólicas «in forma Brevis«, 14 de marzo de 1862)

INDULGENCIAS PLENARIAS

1. El día de la entrada en la Asociación [del Cordón];

2. El 19 de marzo, fiesta de San José, o uno de los días de la Novena, a elección de los asociados;

3. El día del Patronato de San José, el tercer día después de Pascua;

4. En la Fiesta de los Santos Desposorios de la Santísima Virgen y San José, el 23 de enero;

5. El día en que se celebra el aniversario de los asociados fallecidos:

6. En las Fiestas de Nuestro Señor Jesucristo: Navidad, Circuncisión, Epifanía, Pascua, Ascensión, Santísimo Sacramento;

7. Domingo de Pentecostés;

8. En las Fiestas de la Santísima Virgen: la Inmaculada Concepción, la Natividad, la Anunciación, la Visitación, la Purificación, la Asunción;

9. En el momento de la muerte, para todos los Asociados que, verdaderamente arrepentidos y confesados, reciban el Santo Viático, o, no pudiendo confesar, invoquen, al menos de corazón, a San José.

10. Nombre de Jesús.


INDULGENCIAS PARCIALES

1. Indulgencias de siete años y siete cuarentenas para aquellos asociados que asistan, con una oración de corazón, a los ejercicios del Primer Miércoles de mes en honor a San José;

2º Indulgencia de 50 días, una vez al día, para aquellos asociados que recen, con una oración, 7 Gloria Patri en honor a San José.

3º Indulgencia de 100 días por cualquier obra buena realizada por los Asociados, con un corazón contrito, de acuerdo con las intenciones de la obra.

Nota: Todas estas indulgencias, tanto las Plenarias como la Parciales, son aplicables a las Almas del Purgatorio.

CONDICIONES PARA GANAR DICHAS INDULGENCIAS

1.º Estar verdaderamente contrito. Confesarse y recibir la Sagrada Comunión [entiéndase: recibirla en la verdadera Misa, la Misa Tridentina o en latín];

2.º Visitar una iglesia u oratorio público;

3.º Orar allí por la paz entre los príncipes cristianos, la extirpación de las herejías, la exaltación de nuestra madre la Santa Iglesia Católica [Tradicional].

PRIVILEGIOS ESPIRITUALES CONCEDIDOS A LOS ASOCIADOS DEL SANTO CORDÓN

1. La indulgencia del altar privilegiado va unida a todas las Misas celebradas por los asociados difuntos;

2. Los enfermos y los legítimamente impedidos de hacer la visita a la iglesia designada para ganar las indulgencias;

3. Los enfermos y las personas legítimamente impedidas de visitar la iglesia designada para ganar las Indulgencias pueden sustituirla por otra obra con el permiso de su confesor.

EJEMPLOS DEL PATROCINIO DE SAN JOSÉ A LOS DEVOTOS DEL CORDÓN

Hay infinidad de gracias espirituales y temporales obtenidas a los fieles servidores de San José que han llevado el Cordón bendito con espíritu de Fe y gran confianza. Varios de estos hechos fueron enviados al Director de la Archicofradía de Beauvais [en ese entonces], a saber:

1. «Vino una madre a contarme el problema de su pequeño hijo que, cada vez que lloraba, se quedaba sin aliento y se ponía bastante negro… hasta el punto de que varias veces lo creyeron muerto. El médico no encontró remedio.  La pobre madre estaba en la mayor desolación. Comenzamos una Novena y el pequeño enfermo se vistió con el Cordón de San José bendito. Terminada la Novena, recibimos una carta de agradecimiento. El niño estaba libre de su enfermedad. Bendigamos juntos a San José y besemos nuestro querido Cordón con amor».

2. «¡Demos gracias a San José! La paciente que recomendé en las oraciones ha sido curada, milagrosamente, curada. Fue inscrita el primero de marzo y desde ese día la enfermedad tuvo un gran cambio. “Un problema en el hígado”, le dijeron. A pesar de esto, la enferma se cansaba más; la sangre… ¡Se estaba hinchando! Finalmente, al agravarse su condición, fue necesario administrarle los Últimos Sacramentos. Tan pronto como recibí los Cordones de San José, le envié uno. La enferma, entonces, lo llevaba con mucha confianza.

Llega el día de la Novena y varias personas piadosas la rezan con ella. Al día siguiente, se siente mejor y se viste sola, cosa que no lograba desde hacía mucho tiempo. Le dijimos al médico que la paciente esperaba ser curada por San José, y este respondió que con el Santo Patriarca le iría bien. La pobre mujer esperaba ser curada en la fiesta del Esposo de la Virgen de la Vírgenes. Su confianza en Él no fue vana, porque el día de la Fiesta de San José asistió a Misa y desde ese día puede subir a la iglesia que está bastante alta. Ahora la veo a menudo. El otro día me dijo: «Me parece que estoy resucitada”».

CONCLUSIÓN JOSEFINA Y PIADOSA

La santa Virginidad es como un bálsamo divino que preserva el cuerpo de San José de la corrupción. Nos convenceremos de ello si meditamos detenidamente en la perfección de su pureza virginal. Para hacernos una idea de esto, establezcamos primero el principio de que María Santísima, la Madre de nuestro Divino Salvador, estaba tan estrechamente unida a su Santo Esposo José, que esa unión tan especial debía ir necesariamente acompañada de una completa conformidad. Una vez establecida esta verdad, podemos pensar en la pureza de José, que produjo en él una perfecta integridad de mente y cuerpo. Y esto es lo que hizo decir a algunos famosos doctores que una gracia extraordinaria se derramó sobre él con abundancia; un rocío celestial que apagó el foco y la raíz más profunda e íntima del mal. De ahí que muchos Santos afirmen que San José fue santificado antes de nacer, como San Juan Bautista.

¡Seamos muy devotos y amemos de todo corazón a San José, Padre Tiernísimo y Purísimo! No dejemos ningún día de llevar con nosotros su Santo Cordón ni de recitar su oración Oh, Custodio y Padre de Vírgenes, y tengamos confianza en su poder e intercesión para con sus hijos más miserables, para que nos libre de toda mancha de pecado y nos mantenga puros y castos hasta la muerte… Y digamos siempre con el corazón: «ITE AD JOSEPH».

¡Bendito San José! Alcánzanos la gracia de vivir, como Tú, la vida de los Ángeles, para que, después de haber sembrado en santidad, nos levantemos en la gloria inmortal para alabar por siempre, en unión contigo, las misericordias y magnificencias de Jesús y de María. Amén.

ORACIÓN AL PATRIARCA SAN JOSÉ

A Vos recurrimos en nuestra tribulación, bienaventurado José, y después de haber implorado el auxilio de vuestra Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente vuestro Patrocinio. Por el afecto que os unió a la Virgen Inmaculada, Madre de Dios; por el amor paternal que profesasteis al Niño Jesús, os suplicamos que volváis benigno los ojos a la herencia que Jesucristo conquistó con su Sangre, y que nos socorráis, con vuestro poder, en nuestras necesidades.

Proteged, prudentísimo Custodio de la Divina Familia, el linaje escogido de Jesucristo. Preservadnos, Padre amantísimo, de todo contagio de error y corrupción; sednos propicio y asistidnos desde el Cielo, poderosísimo Protector nuestro, en el combate que al presente libramos contra el poder de las tinieblas. Y del mismo modo que, en otra ocasión, librasteis del peligro de la muerte al Niño Jesús, defended ahora a la Santa Iglesia de Dios contra las asechanzas de sus enemigos y contra toda adversidad.

Amparad a cada uno de nosotros con vuestro perpetuo patrocinio a fin de que, siguiendo vuestros ejemplos, y sostenidos por vuestros auxilios, podamos vivir santamente, morir piadosamente y obtener la felicidad eterna del cielo. Amén.

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