NOVENA EFICAZ DE LAS TRES AVEMARÍAS


NUESTRA SEÑORA DE LAS TRES AVEMARÍAS

Presentamos esta bellísima Novena muy antigua. Su publicación oscila entre 1900-1933, de acuerdo con el deterioro y color de humedad que presenta:

La Santísima Virgen María concede muchos favores a los que practican este Ejercicio de Piedad, sobre todo, si se le promete rezar todos los días, mañana y tarde, las Tres Avemarías. Para conseguir un favor urgentísimo, háganse tres Novenas seguidas.

1. Por la señal de la Santa Cruz (), de nuestros enemigos (✞),  líbranos, Señor, Dios nuestro (✞). En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

ACTO DE CONTRICIÓN

Yo, pecador, me confieso a Dios Todopoderoso, a la Bienaventurada siempre Virgen María, al Bienaventurado San Miguel Arcángel, al Bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos, y a vos, Padre, que pequé gravemente con el pensamiento, palabra, obra y omisión: por mi culpa, por mi culpa, por mi gravísima culpa (golpearse tres veces el pecho).

Por tanto, ruego a la Bienaventurada siempre Virgen María, al Bienaventurado San Miguel Arcángel, al Bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos, y a vos, Padre, que roguéis por mí a Dios Nuestro Señor.    

ORACIÓN PRIMERA:

¡Oh, María, Virgen poderosa, a quien nada es imposible, os suplico por el poder con que os distinguió Dios Padre Omnipotente que me socorráis en la presente necesidad! ¡Oh, Abogada de las causas más desesperadas, ayudadme! En ello están interesados la gloria de Dios, vuestra honra y el bien de mi alma.

Si la gracia que pido está conforme con la amabilísima y santísima Voluntad de Dios, interceded, Omnipotencia Suplicante, interceded por mí ante vuestro Hijo, que nada os puede negar. Os lo pido por ese poder ilimitado que os comunicó el Padre Celestial, ya que, para celebrarlo, os digo con Santa Matilde, a quien revelasteis la práctica saludable de las Tres Avemarías:

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres y Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

ORACIÓN SEGUNDA:

Purísima Virgen, justamente llamada Trono de la Sabiduría, porque en Vos moró la Sabiduría Increada, el Verbo de Dios, y os comunicó toda la plenitud de su divina ciencia en la medida que podía participarla a la más perfecta de sus criaturas… Vos sabéis bien cuán grande es mi miseria y la necesidad que tengo de vuestro auxilio.

Me abandono en vuestras manos, confiando que vuestra divina Sabiduría lo ordenará todo con fuerza y suavidad a mayor gloria de Dios y provecho de mi alma, y por los medios más convenientes acudiréis a socorrer mi necesidad.

¡Oh, María, Madre de la divina Sabiduría, dignaos alcanzarme el favor que solicito! Os lo pido por esa inefable sabiduría con que el Verbo, Hijo vuestro, ilustró vuestra inteligencia, ya que, para celebrarla, os digo con San Antonio de Padua y San Leonardo de Puerto Mauricio, celosísimos propagadores de las Tres Avemarías:

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres y Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

ORACIÓN TERCERA:

¡Oh, tierna y verdadera Madre de Misericordia!, que en estos últimos tiempos os habéis llamado a Vos misma «Madre la más misericordiosa», a Vos acudo para que uséis conmigo de compasión y bondad, con tanta mayor razón cuanta es mayor mi miseria.

No soy acreedor a la gracia que de Vos espero, ya que tantas veces os He contristado, ofendiendo a vuestro Divino Hijo; pero estoy sinceramente arrepentido de haber traspasado con mis pecados el amante Corazón de Jesús y el Vuestro. ¿No sois Vos, según lo revelasteis a vuestra sierva Santa Brígida, la «Madre los pecadores arrepentidos»?

Perdonadme, pues, mis pasadas ingratitudes; y teniendo en cuenta vuestra misericordiosa bondad y la gloria que de ello resultará para Dios y para Vos misma, obtenedme de la misericordia de Dios la gracia que pido.

¡Oh, Vos, a quien nadie ha implorado en vano! ¡Oh, Clementísima, oh, Piadosa, oh dulce Virgen María! Dignaos socorrerme; os lo pido por esa misericordiosa bondad de que en favor nuestro os ha llenado el Espíritu Santo, ya que, para celebrarla, os digo con San Alfonso María de Ligorio, incomparable Apóstol de vuestra misericordia y Doctor de las Tres Avemarías:

Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres y Bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

DÍGASE por TRES veces:

¡María, Madre mía, preservadme de pecado mortal!

Nota: Las Tres Avemarías se rezan todos los días, en la mañana y en la tarde. Muchas personas que habían caído en innumerables pecados mortales han salido de ellos gracias al rezo diario de las Tres Avemarías y al rezo del Santo Rosario (ya sea porque se arrepintieron de sus pecados y se confesaron, o, en raros casos, porque tuvieron una Contrición Perfecta antes de morir).

(Con licencia de la autoridad eclesiástica). Arboleda & Valencia.

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