NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE: ÚLTIMOS TIEMPOS

NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE: ÚLTIMOS TIEMPOS Y EL SECRETO COMPLETO

N. S. de La Salette

En estos tiempos tan apocalípticos que todos presenciamos, nos pareció conveniente recordar —para quienes ya lo sabían— o informar —para aquellos que lo desconocen— el Secreto de Nuestra Señora de La Salette. Con todo, daremos primero información esencial sobre ESTA APARICIÓN APROBADA POR LA IGLESIA CATÓLICA y luego les compartiremos el mensaje de la Santísima Virgen en estos últimos tiempos, que parecen ser los del Anticristo por la abundancia de maldad y, especialmente, por la apostasía. Esperamos que esto pueda alumbrar las conciencias y los corazones de quienes lo lean.


HISTORIA COMPLETA

En el pueblito de Grenoble, Francia, el 19 de septiembre de 1846 se aparecía la Santísima Virgen María a dos niños pastores llamados Maximino Giraud y Melania Calvat. Antes de dar a conocer el Secreto de Nuestra Señora, será menester saber quiénes eran estos dos pequeños zagales. El Secreto completo estará casi al final del artículo:

LOS PEQUEÑOS PASTORES

MELANIA MATHIEU

Francisca Melania Mathieu, nacida en Corps el 7 de noviembre de 1831, no tenía aún quince años cumplidos. Era pastora y estaba sirviendo hace cuatro años y medio. Había pasado dos años en Quet, otros dos en Saint-Luce y seis meses en casa de Bautista Pra, en la aldea de los Ablandins, municipalidad de La Salette, en donde se hallaba desde el mes de marzo de 1846. Sus padres estaban en la mayor miseria y su haber consistía en cinco hijos de corta edad.

Melania no tenía ninguna piedad y raras veces iba a la Santa Misa, porque sus amos la ocupaban los domingos y los días festivos, y tampoco ella pensaba en hacerlo. Como carecía de instrucción religiosa y de memoria, no habría podido retener dos líneas de Catecismo. A pesar de su edad algo adelantada, no había hecho todavía su Primera Comunión. Era excesivamente tímida y de tal indolencia que al volver por la tarde del monte empapada en lluvia nunca pedía ropa para mudarse. Dormía en la caballeriza y, a no habérselo impedido, hasta hubiera pasado la noche al cielo raso.

 

MAXIMILIANO GIRAUD

Pedro Maximino Giraud era de menor edad que Melania. Había nacido en Corps el 27 de agosto de 1835 y solo tenía once años cuando tuvo lugar la Aparición. Nunca había ido a la escuela y carecía de crianza y de instrucción. Cuando le llevaban a la iglesia, huía, cuando le era posible, para ir a jugar con los demás niños. Carecía de toda noción religiosa, por lo que no había podido ser incluido entre los pequeños que el señor Cura preparaba para la Primera Comunión. Su padre declaraba que a duras penas había logrado hacerle aprender en tres o cuatro años la Oración Dominical (Padrenuestro) y la Salutación Angélica (Avemaría).

Vivía en casa de su padre, que era carretero de oficio y muy pobre, cuyas ocupaciones consistían en ir a recoger estiércol en la carretera. Maximino era de genio vivo, de inteligencia inculta —aunque susceptible de adquirir conocimientos—, aturdido, aficionado al juego con pasión, pero sin malicia alguna ni previsión. Habiéndole colocado el 14 de septiembre de 1846 en casa de Pedro Selme para reemplazar durante algunos días a un pastor enfermo, salía por la mañana con las vacas y provisiones para todo el día. Mientras se dirigía al monte, se daba prisa a desembarazarse de estas provisiones que, según decía, le estorbaban, partiéndolas pródigamente con su perro. Cuando le hacían observar que ya no tendría nada que comer durante el día, respondía: «¡Si no tengo hambre!». Sin prever que no sería lo mismo al cabo de algunas horas.

¿QUÉ TENÍAN EN COMÚN ESTOS PEQUEÑOS?

Estos niños no tenían vicios, en el sentido que se da a esta palabra, e ignoraban el mal: así nos lo han asegurado los que han observado a Melania. Respecto de Maximino, se creerá fácilmente si se considera su poca edad, y no quedará duda de que decimos verdad cuando se sepa que habiéndole preguntado una persona grave si la Virgen Santísima le había hablado del libertinaje, el niño le respondió en el mes de mayo de 1847: «No entiendo lo que queréis decirme; no sé lo que es eso».

Melania no entendía el francés; solo hablaba y sabía el patué de la montaña, que se asemeja mucho al de Saboya. Maximino no estaba mucho más adelantado, porque si bien entendía algunas palabras del francés, no sabía hablarlo. Así, pues, los dos pastores se parecían en cuanto a la ignorancia, a la pobreza y a la falta de toda noción o práctica religiosa. Y únicamente sus caracteres se diferenciaban, impidiéndoles ponerse de acuerdo o en connivencia.

LUGAR DE LA APARICIÓN: 19 DE SEPTIEMBRE DE 1846 A LAS TRES DE LA TARDE

El jueves 17 de septiembre, día en el que Melania y Maximiano se conocieron por primera vez, se separaron al regresar a la aldea, sin citarse para el día siguiente. Pero no sucedió lo mismo el 18 de septiembre, porque, después de haber jugado juntos todo el día, Melania dijo a Maximino: «¿Quién llegará mañana primero al monte?». Y ambos acordaron en ir juntos a dar de beber a sus vacas en el arroyo de Sesia, que Melania conocía.

El sábado 19 de septiembre, a las 11:30 a. m., los dos niños se alejaron del sitio, donde eran vistos por Selme, y llevaron sus vacas a beber al arroyo de Sesia. Maximino, que nunca había estado allí, seguía a Melania. Satisfecha la sed de los animales, sacaron sus provisiones a las doce y se pusieron a merendar junto a una fuentecilla, que está a la derecha del arroyo, para beber agua. Terminada su comida, bajaron, cruzaron el Sesia, dejaron los zurrones cerca de otra fuente seca y dieron algunos pasos más. En vez de volver a los pastos de los que se habían alejado por la mañana, como acostumbraban hacer, se durmieron, y no se despertaron hasta las 3:00 p. m., hora en que principiaban el día eclesiástico y las primeras Vísperas del Domingo de Nuestra Señora de los Dolores.

El relato de los niños y las declaraciones idénticas de Pra y de Selme —sus amos respectivamente— demuestran de un modo tan completo y tan conforme a la índole del suceso la exactitud de estos pormenores y estos hechos, que es forzoso ponerlos absolutamente en duda. He aquí a los niños cuales son y deben ser unos pastores de su edad, viviendo en países lejanos de las ciudades, en montañas agrestes y en comarcas abismadas en la ignorancia y en la indiferencia religiosa.

Esta completa nulidad les designaba, mejor que a otros cualesquiera, en el interés de la gloria de Dios, que es siempre Único y Omnipotente Actor, como testigos de las Palabras Divinas y como instrumentos del Cielo, al mismo tiempo que la oposición de sus caracteres y su reciente amistad les impedían, así como su profunda ignorancia, poder imaginar o acordar nada entre sí.

Los hombres o el demonio no hubieran hecho caso indudablemente de tales instrumentos, y es bien seguro que se habrían servido de otras personas. Por eso decimos desde ahora que la acción que se reveló en La Salette, y que procedió de un modo inverso a lo que hacen Satanás y el mundo, es necesariamente la acción divina, la única que existe fuera de las otras dos. Y quien tenga un poco de lógica y de buena Fe pensará como nosotros.

CIRCUNSTANCIAS EXTERIORES DEL MOMENTO DE LA APARICIÓN

Melania comentó lo siguiente sobre los hechos: Nos habíamos dormido… Y después fui la primera que me desperté y no vi mis vacas. Desperté entonces a Maximino: «Maximino, le dije, ven pronto para ir a ver las vacas». Cruzamos el arroyo, subimos juntos la cuesta, y vimos en el otro lado las vacas echadas y que no estaban lejos. Volví a bajar de primera y cuando me faltaban unos cinco o seis pasos para llegar al arroyo, vi un resplandor como el sol y aún más brillante, pero del mismo color, y dije a Maximino: «Ven pronto a ver allá un resplandor». Y Maximino bajó diciéndome: «¿En dónde está?». Le indiqué con el dedo la fuentecilla en donde se detuvo cuando la vi. Y vimos entonces una Señora en el resplandor, sentada y con la cabeza apoyada en las manos. Tuvimos tanto miedo que se me cayó la vara de la mano. Entonces me dijo Maximino: «Conserva la vara, y si nos hace alguna cosa, le daré un buen golpe» (1).

La Salette llorando

Aquella Señora se puso en pie, se cruzó de brazos y nos dijo: «Acercaos, hijos míos, no tengáis miedo. Estoy aquí para anunciaros una gran noticia». Pasamos entonces el arroyo y Ella se acercó hasta el sitio en donde nos habíamos dormido. Estaba entre nosotros dos y nos dijo llorando mientras nos hablaba, pues vi correr sus  lágrimas [las palabras que les dijo la Virgen permanecen en secreto…].

Pasó el arroyo y volvió a decirnos: «Pues bien, hijos míos, lo comunicareis a todo mi pueblo». Después subió hasta el sitio a donde habíamos llegado para ver las vacas. No tocaba la yerba, pues andaba rozándola. La seguí con Maximino y yo pasé delante de la Señora, y Maximino a su lado y a unos dos o tres pasos. Aquella hermosa Señora se levantó un poco en el aire —Melania hace un ademán levantando la mano a un metro o algo más sobre el suelo— y miró el cielo. Después no le vimos más que la cabeza; después, no vimos más que los brazos; después, los pies, y finalmente, no vimos más que un resplandor en el aire.

Cuando desapareció el resplandor, dije a Maximino: «Tal vez es una gran Santa». Y Maximino me dijo: «Si hubiéramos sabido que era una gran Santa, le habríamos dicho que nos llevara consigo». Y yo le dije: «¡Oh, si estuviera aún aquí!».

Maximino tendió la mano para coger un poco de resplandor, pero no capturó nada, y miramos bien para ver si no la veíamos ya, y dije: «No quiere dejarse ver, para que no veamos a dónde va». En seguida, nos fuimos a guardar las vacas.

[La Señora] llevaba zapatos blancos —rodeados de rosas de todos los colores—, medias amarillas, un delantal amarillo, un vestido blanco lleno de perlas, una pañoleta blanca orlada de rosas, una gorra blanca inclinada hacia delante y una corona en derredor de la gorra con rosas. Llevaba una cadena muy pequeña que tenía una Cruz con su Cristo, viéndose a la derecha unas tenazas y a la izquierda un martillo, y de los extremos de la Cruz caía otra cadena grande como las rosas en derredor de la pañoleta. Tenía la cara blanca y larga, pero no podía verla mucho rato porque nos deslumbraba.

La Salette, colores

Volviendo a los detalles del momento de aquella aparición, la hermosa Señora, después de informar que las nueces se malearían y se pudrirían las uvas, dijo a Maximino alguna cosa en francés, añadiendo: «No dirás esto, esto ni esto». «Entretanto, me pareció, dice Melania, que hablaba a Maximino, y yo no oía nada». Habló en seguida en secreto Melania también en francés. «Permaneció también un momento en silencio, dice Maximino, y me parecía que hablaba a Melania». Todo esto sucedía hacia las tres de la tarde, según la declaración de Maximino.

Cada niño no supo hasta después de la desaparición de la hermosa Señora que su compañero tenía un secreto. Maximino dijo en efecto a Melania: «¡Cuánto ha tardado en hablar! No le veía más que mover los labios, pero ¿qué decía?». Melania le respondió: «Me ha dicho una cosa, pero no quiero decírtela, porque me lo ha prohibido». Maximino repuso al momento: «¡Qué contento estoy, Melania! Mira: también a mí me ha dicho una cosa, pero tampoco quiero decírtela».

He aquí las circunstancias del hecho, según resulta de la declaración de los dos niños. Puede añadirse que la hermosa Señora lanzó al elevarse una mirada muy triste al Sud—Este, en cuya dirección se hallan Roma e Italia.

DAN TESTIMONIO DE LA APARICIÓN DE LA VIRGEN

En la mañana del día siguiente, 20 de septiembre, los dos niños fueron por mandato de sus amos a referírselo todo al Cura de La Salette, M. Santiago Perrin, quien hizo un relato a sus feligreses en la Santa Misa. Selme —el amo— llevó más adelante a Maximino a Corps a casa de su padre, y Melania continuó en casa de Bautista Pra casi hasta Navidad, de modo que los dos testigos, reunidos casualmente durante algunos días, estuvieron tres meses separados, sin verse ni hablarse. Maximino pasaba cierto tiempo por los Ablandins, pero sin detenerse, cuando acompañaba peregrinos al monte. Y Melania continuaba apacentando las vacas, ya en un paraje, ya en otro, y sin hallarse en la aldea más que durante la noche.

El relato que hemos dado es idéntico al que hicieron los niños a sus amos el 19 de setiembre por la noche y al señor Cura en la mañana siguiente; también lo contaron aisladamente a las numerosas personas, Sacerdotes o seglares , que fueron a interrogarles durante los tres meses que estuvieron separados, y lo han hecho durante nueve años consecutivos.

Por instrucciones de la misma Santísima Virgen María, el Secreto que entonces les confió debía permanecer oculto hasta 1858.

MELANIA ESCRIBE EL SECRETO DE NUESTRA SEÑORA

Melania escribió su propia versión del Secreto el 3 de julio, separadamente, en Corenc, en el convento de las Hermanas de la Providencia. Lo selló a las 10:00 a. m. y fue llevado al Palacio del Obispo de Grenoble. Pero al día siguiente, ella consideró que no se había expresado bien respecto a los infortunios que caerían sobre dos ciudades (París y Marsella): estos parecieron como simultáneos, pero, en realidad, fueron sucesivos. El Canónigo Pierre—Joseph Rousselot le hizo reescribir el Secreto el 6 de julio. Luego el ingeniero Benjamín Dausse la llevó al Obispo, en donde Bruillard leyó el nuevo documento antes de sellarlo.

En realidad, el texto contentivo del Secreto de Melania —el más conocido, con las quejas de la Santísima Virgen sobre la mala conducta del clero, así como los males y castigos que sobrevendrán—, contiene renglones que fueron omitidos en la edición de Marsella de 1860. A pesar de que fue antes quemado por sus enemigos, una copia sobrevivió y se publicó en Nápoles en 1873 por el Padre Felicien Bliard, con Imprimátur de la Curia del Arzobispo de Nápoles: Sixto Card. Riario Sforza, de fecha 30 de abril. El texto del Secreto dice así:

EL SECRETO

La Salette Aparición

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EL SECRETO COMPLETO DADO POR NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE A MELANIA

«Melania: Esto que Yo te voy a decir ahora no será siempre un secreto; puedes publicarlo en 1858.

Los Sacerdotes, ministros de mi Hijo; los Sacerdotes, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los Santos Misterios, por su amor al dinero, a los honores y a los placeres, se han convertido en cloacas de impureza. Sí, los Sacerdotes piden venganza, y la venganza pende de sus cabezas. ¡Ay de los sacerdotes y personas consagradas a Dios, que por sus infidelidades y mala vida crucifican de nuevo a mi Hijo! Los pecados de las personas consagradas a Dios claman al Cielo y piden venganza, y he aquí que la venganza está a las puertas, pues ya no se encuentra a nadie que implore misericordia y perdón para el pueblo; ya no hay almas generosas ni persona digna de ofrecer la Víctima sin mancha al Eterno en favor del mundo.

Dios va a castigar de una manera sin precedentes. ¡Ay de los habitantes de la tierra! Dios va a derramar su cólera y nadie podrá sustraerse a tantos males juntos.

Los jefes, los conductores del pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias; se han convertido en estrellas errantes que el viejo diablo arrastrará con su cola para hacerlos perecer. Dios permitirá a la antigua serpiente poner divisiones entre los soberanos, en todas las sociedades y en todas las familias. Se sufrirán penas físicas y morales. Dios abandonará a los hombres a sí mismos y enviará castigos que se sucederán durante más de treinta y cinco años.

La sociedad está en vísperas de las más terribles calamidades y de los más grandes acontecimientos. Se verá obligada a ser gobernada por una vara de hierro y a beber el cáliz de la cólera de Dios.

Que el Vicario de mi Hijo, el Soberano Pontífice Pío IX, no salga ya de Roma después del año 1859; pero que sea firme y generoso, que combata con las armas de la Fe y del amor. Yo estaré con él.

Que desconfíe de Napoléon, su corazón es doble; y cuando quiera ser a la vez Papa y Emperador, muy pronto se retirará Dios de él. Es esa águila que queriendo siempre elevarse caerá sobre la espada de la cual quería servirse, para obligar a los pueblos a ensalzarlo.

Italia será castigada por su ambición de querer sacudir el yugo del Señor de los señores; también será entregada a la guerra. La sangre correrá por todas partes. Las iglesias serán cerradas o profanadas. Los Sacerdotes y religiosos serán perseguidos; se les hará morir, y morir una muerte cruel. Muchos abandonarán la Fe y el número de los Sacerdotes y religiosos será grande; entre estas personas se encontrarán incluso obispos.

Que el Papa se ponga en guardia contra los obradores de milagros, pues ha llegado el tiempo en que los prodigios más asombrosos tendrán lugar en la tierra y en los aires.

En el año 1864, Lucifer con un gran número de demonios serán desatados del Infierno. Abolirán la Fe poco a poco, aun entre las personas consagradas a Dios: las cegarán de tal manera que, a menos de una gracia particular, esas personas tomarán el espíritu de esos malos ángeles: muchas casas religiosas perderán completamente la Fe y perderán muchísimas almas.

Los libros malos abundarán en la tierra y los espíritus de las tinieblas extenderán por todas partes un relajamiento universal en todo lo relativo al servicio de Dios y obtendrán un poder extraordinario sobre la naturaleza: habrá iglesias para servir a esos espíritus. Algunas personas serán transportadas de un lugar a otro por esos espíritus malvados, incluso Sacerdotes, por no seguir el buen espíritu del Evangelio, que es espíritu de humildad, de caridad y de celo por la gloria de Dios. Resucitarán algunos muertos y justos, [es decir, que estos muertos tomarán la figura de almas justas, que vivieron en la tierra, para así mejor seducir a los hombres; éstos que diciéndose muertos resucitados no serán otra cosa que el demonio bajo sus figuras, predicarán otro Evangelio contrario al verdadero de Cristo Jesús, negando la existencia del Cielo y también las almas de los condenados. Todas estas almas aparecerán como unidas a sus cuerpos].

Habrá por todas partes prodigios extraordinarios, porque la verdadera Fe se ha extinguido y la falsa luz alumbra al mundo. ¡Ay de los príncipes de la Iglesia que se hayan dedicado únicamente a amontonar riquezas sobre riquezas, a poner a salvo su autoridad y a dominar con orgullo!

El Vicario de mi Hijo tendrá mucho que sufrir, porque por un tiempo la Iglesia será entregada a grandes persecuciones. Esta será la hora de las tinieblas. La Iglesia tendrá una crisis espantosa.

Dado el olvido de la santa Fe de Dios, cada individuo querrá guiarse por sí mismo y ser superior a sus semejantes. Se abolirán los poderes civiles y eclesiásticos; todo orden y toda justicia serán pisoteados. No se verán más que homicidios, odio, envidia, mentira y discordia, sin amor por la patria ni por la familia.

El Santo Padre sufrirá mucho. Yo estaré con él hasta el fin para recibir su sacrificio. Los malvados atentarán muchas veces contra su vida, sin poder poner fin a sus días; pero ni él ni su sucesor [que no reinará mucho tiempo] verán el triunfo de la Iglesia de Dios.

Los gobernantes civiles tendrán todos un mismo plan que será abolir y hacer desaparecer todo principio religioso para dar lugar al materialismo, al ateísmo, al espiritismo y a toda clase de vicios.

En el año 1865 se verá la abominación en los lugares santos; en los conventos, las flores de la Iglesia estarán corrompidas y el demonio se hará como el rey de los corazones. Que los que estén al frente de las comunidades religiosas vigilen a las personas que han de recibir, porque el demonio usará de toda su malicia para introducir en las órdenes religiosas a personas entregadas al pecado, pues los desórdenes y el amor de los placeres carnales se extenderán por toda la tierra.

Francia, Italia, España e Inglaterra estarán en guerra; la sangre correrá por las calles; el francés luchará contra el francés, el italiano contra el italiano. En seguida, habrá una guerra universal que será espantosa. Por algún tiempo Dios no se acordará de Francia ni de Italia, porque el Evangelio de Jesucristo no es ya conocido. Los malvados desplegarán toda su malicia; se matará, se asesinará mutuamente aun dentro de las casas.

Al primer golpe de su espada fulminante, las montañas y la naturaleza entera temblarán de espanto, porque los desórdenes y los crímenes de los hombres traspasan la bóveda de los cielos. París será quemada y Marsella engullida. Varias grandes ciudades serán sacudidas y engullidas por terremotos. Se creerá que todo está perdido. No se verán más que homicidios, no se oirá más que ruido de armas y blasfemias.

Los justos sufrirán mucho; sus oraciones, su penitencia y sus lágrimas subirán hasta el Cielo y todo el pueblo de Dios pedirá perdón y misericordia, e implorará mi ayuda e intercesión. Entonces, Jesucristo, por un acto de su Justicia y de su gran Misericordia con los justos, mandará a sus Ángeles que mueran todos sus enemigos. De golpe, los perseguidores de la Iglesia de Jesucristo y todos los hombres dados al pecado perecerán y la tierra quedará como un desierto. Entonces se hará la paz, la reconciliación de Dios con los hombres. Jesucristo será servido, adorado y glorificado; la caridad florecerá en todas partes. Los nuevos reyes serán el brazo derecho de la Santa Iglesia, que será fuerte, humilde, piadosa, pobre, celosa e imitadora de las virtudes de Jesucristo. El Evangelio será predicado por todas partes y los hombres harán grandes progresos en la Fe, porque habrá unidad entre los obreros de Jesucristo, y los hombres vivirán en el temor de Dios.

Esta paz entre los hombres no será larga; veinticinco años de zafras abundantes les harán olvidar que los pecados de los hombres son la causa de todos los castigos que ocurren en la Tierra.

Un precursor del Anticristo, con sus tropas de muchas naciones, combatirá contra el Verdadero Cristo, el Único Salvador del mundo; derramará mucha sangre y pretenderá aniquilar el culto a Dios para ser tenido como un dios.

La tierra será castigada con todo género de plagas [además de la peste y el hambre, que serán generales]; habrá guerras, hasta la última que harán los diez reyes del Anticristo, los cuales tendrán todos un mismo plan, y serán los únicos que gobernarán el mundo. Antes de que esto suceda, habrá una especie de falsa paz en el mundo: no se pensará más que en divertirse; los malvados se entregarán a toda clase de pecados. Pero los hijos de la Santa Iglesia, los hijos de la Fe, mis verdaderos imitadores, crecerán en el amor de Dios y en las virtudes que me son más queridas. ¡Dichosas las almas humildes guiadas por el Espíritu Santo! Yo combatiré con ellas hasta que lleguen a la plenitud de la edad.

La naturaleza clama venganza contra los hombres y tiembla de espanto en espera de lo que debe suceder en la tierra encharcada en crímenes. Temblad, tierra y vosotros, que hacéis profesión de servir a Jesucristo y que interiormente os adoráis a vosotros mismos, temblad; pues Dios va a entregaros a su enemigo, porque los lugares santos están en la corrupción; muchos conventos no son ya casa de Dios, sino pastizales de Asmodeo y de los suyos. Durante ese tiempo ha de nacer el Anticristo de una religiosa hebraica, una falsa virgen que tendrá comunicación con la vieja serpiente y el maestro de la impureza, su padre será obispo. Al nacer, vomitará blasfemias y tendrá dientes. En una palabra, será el diablo encarnado. Dará gritos aterrorizadores, hará prodigios, solo se alimentará de impurezas. Tendrá hermanos que, sin bien no serán otros demonios encarnados como él, serán hijos del mal. A los doce años, ellos se destacarán por las extraordinarias victorias que obtendrán. Luego cada uno estará a la cabeza de ejércitos, asistidos por legiones del Infierno.

Se cambiarán las estaciones. La tierra no producirá más que malos frutos. Los astros perderán sus movimientos regulares. La luna no reflejará más que una débil luz rojiza. El agua y el fuego causarán en el globo terrestre movimientos convulsivos y horribles terremotos que tragarán montañas, ciudades, etc.

Roma perderá la Fe y se convertirá en la sede del Anticristo.

Los demonios del aire, con el Anticristo, harán grandes prodigios en la tierra y en los aires, y los hombres se pervertirán más y más. Dios cuidará de sus fieles servidores y de los hombres de buena voluntad. El Evangelio será predicado por todas partes; todos los pueblos y todas las naciones conocerán la Verdad.

Yo dirijo una apremiante llamada a la tierra. Llamo a los verdaderos discípulos de Dios que vive y reina en los Cielos. Llamo a los verdaderos imitadores de Cristo hecho Hombre, el Único y Verdadero Salvador de los hombres. Llamo a mis hijos, a mis verdaderos devotos, a los que se me han consagrado a fin de que los conduzca a mi Divino Hijo; los que llevo, por decirlo así, en mis brazos; los que han vivido de mi espíritu. Finalmente, llamo a los apóstoles de los últimos tiempos, los fieles discípulos de Jesucristo que han vivido en el menosprecio del mundo y de sí mismos, en la pobreza y en la humildad, en el desprecio y en el silencio, en la oración y en la mortificación, en la castidad y en la unión con Dios, en el sufrimiento y desconocidos del mundo. Ya es hora que salgan y vengan a iluminar la tierra. Id y mostraos como mis hijos queridos: Yo estoy con vosotros y en vosotros, con tal de que vuestra Fe sea la luz que os ilumine en estos días de infortunio.

Que vuestro celo os haga hambrientos de la gloria de Dios y de la honra de Jesucristo. Pelead, hijos de la luz, vosotros, pequeño número que ahí veis: pues he ahí el tiempo de los tiempos, el fin de los fines.

La Iglesia será eclipsada, el mundo quedará consternado. Pero he ahí a Enoc y a Elías, llenos del Espíritu de Dios, y los hombres de buena voluntad creerán en Dios, y muchas almas serán consoladas; harán grandes prodigios por la virtud del Espíritu Santo y condenarán los errores diabólicos del Anticristo.

¡Ay de los habitantes de la tierra! Habrá guerras sangrientas y hambres, pestes y enfermedades contagiosas. Habrá lluvias de un granizo espantoso para los animales, tempestades que arruinarán ciudades, terremotos que engullirán países. Se oirán voces en el aire; los hombres se golpearán la cabeza contra los muros: llamarán a la muerte y, por otra parte, la muerte será su suplicio. Correrá la sangre por todas partes. ¿Quién podrá resistir si Dios no disminuye el tiempo de la prueba? Por la sangre, las lágrimas y oraciones de los justos, Dios se dejará aplacar. Enoc y Elías serán muertos. Roma pagana desaparecerá; caerá fuego del cielo y consumirá tres ciudades. El universo entero será presa del terror, y muchos se dejarán seducir por no haber adorado al Verdadero Cristo, que vivía entre ellos. Ha llegado el tiempo: el sol se oscurece; sólo la Fe vivirá.

He aquí el tiempo: el abismo se abre. He aquí el rey de los reyes de las tinieblas. He aquí la bestia de los súbditos, llamándose el «salvador del mundo». Se remontará con orgullo por los aires para subir hasta el cielo: será sofocado por el soplo de San Miguel Arcángel. Caerá y la tierra, que llevará tres días en continuas evoluciones, abrirá su seno lleno de fuego: será hundido para siempre, con todos los suyos, en los abismos eternos del Infierno. Entonces el agua y el fuego purificarán y consumirán todas las obras del orgullo de los hombres, y todo será renovado: Dios será servido y glorificado».

Hasta aquí el Secreto dado por Nuestra Señora.

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El Secreto completo fue publicado también por Melania, con Imprimátur del Obispado de Lecce, Italia:

Nihil Óbstat: Imprimátur.

Datum Lýciii, ex Curia Episcopáli, die 15 Nov. 1879.

Vicárius Generális,

CARMÉLUS Archid. COSMA

APROBACIÓN DE LA APARICIÓN DE NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE Y DEL SECRETO POR PARTE DE LA IGLESIA CATÓLICA (PAPA PÍO IX Y  PAPA LEÓN XIII)

El 19 de septiembre de 1851, Monsseñor Filiberto de Bruillard, Obispo de Grenoble, publica finalmente su Carta pastoral. He aquí el párrafo esencial:

«Juzgamos que la Aparición de la Santísima Virgen a dos pastores, el 19 de septiembre de 1846, en una montaña de la cadena de los Alpes, situada en la parroquia de La Salette, del arciprestazgo de Corps, contiene en sí todas las características de la verdad, y que los fieles tienen fundamento para creerla indudable y cierta. Aumenta la certeza, el concurso inmenso y espontáneo al lugar de la Aparición, así como la multitud de prodigios de una gran cantidad, de los cuales es imposible dudar sin ir contra las reglas del testimonio humano.

Por tanto, prohibimos a los fieles y sacerdotes de nuestra diócesis hablar públicamente o escribir contra el hecho que hoy proclamamos. Finalmente, como el fin principal de la Aparición ha sido recordar a los cristianos [católicos] el cumplimiento de sus deberes religiosos, los conjuramos, queridos hermanos, a que sean dóciles a la voz de María que los llama a la penitencia y que de parte de su Hijo los amenaza con desgracias espirituales y temporales si permanecen insensibles a sus advertencias maternales».

La resonancia de esta carta pastoral es considerable. Numerosos obispos la hacen leer en las parroquias de sus diócesis. La prensa se hace eco en favor o en contra. Es traducida a numerosas lenguas y aparece notoriamente en el Osservatore Romano del 4 de junio de 1852. Cartas de felicitación afluyen al Obispo de Grenoble. La experiencia y el sentido pastoral de Filiberto de Bruillard no se detienen aquí. El 1 de mayo de 1852 publica una nueva Carta pastoral anunciando la construcción de un santuario sobre la montaña de La Salette y la creación de un cuerpo de misioneros diocesanos que él denomina «Misioneros de Nuestra Señora de La Salette». Y añade: «La Santa Virgen se apareció en La Salette para el universo entero, ¿quién puede dudarlo?». El futuro iba a confirmar y sobrepasar estas expectativas; el relevo estaba asegurado. Se puede decir que Maximino y Melania han cumplido su misión.

Después de cinco años de un cuidadoso examen de los hechos, la Iglesia Católica autorizó el Culto de Nuestra Señora de La Salette en 1851. [Una imponente y magnífica Basílica Menor fue construida en el lugar].

El Santo Padre Pío IX aprobó la devoción a Nuestra Señora de La Salette. Pidió a los jóvenes que le fuera enviado el relato de los Secretos por escrito. Tiempo después, dirá el Santo Padre: «Estos son los Secretos de La Salette: si el mundo no se arrepiente, perecerá». El 24 de agosto de 1852 concedió que el altar mayor del nuevo templo de La Salette fuera privilegiado. El 7 de septiembre del mismo año erige la asociación de «Nuestra Señora Reconciliadora de La Salette».

El Papa León XIII, por su parte, elevó el santuario al rango de Basílica y decretó la coronación canónica de «Nuestra Señora de La Salette», efectuada por el Cardenal de París, el día 21 de agosto de 1879. Por último, en 1946, centenario de la aparición, se celebró en La Salette el quinto Congreso Mariano Nacional Francés.

LOS OPOSITORES DEL SECRETO DE LA SALETTE PRETENDEN DESACREDITARLO

Varias personas en aquellos tiempos y algunos en la actualidad pretenden desacreditar este Secreto, como si no hubiera sido aprobado antes por la Iglesia, y, lo que es peor, le atribuyen falsamente que fue «condenado». Estas falsas acusaciones las objetamos con una carta que data del 5 de marzo de 1896 del entonces Monseñor Zola, quien allí afirma lo siguiente:

«Entre tanto, se presionó poderosamente ante la Santa Sede para que el opúsculo de Melania fuera puesto en el Índice. Varios dijeron que en esta circunstancia algunos cardenales se reunieron para llevar sobre él un juicio. Cuánto se hizo se ignora absolutamente, pero puedo afirmar con certeza, e incluso oficialmente, que todos los esfuerzos para obtener la prohibición formal del opúsculo fueron vanos. En realidad, el opúsculo de Melania jamás fue puesto en el Índice.

Todos los prelados y otros dignatarios eclesiásticos de mi conocimiento que han conocido el Secreto, todos, sin excepción, han emitido un juicio enteramente favorable al dicho Secreto: bien con relación a su autenticidad, bien desde el punto de vista divino, aprobado en el cedazo de las Sagradas Escrituras, lo que imprime al Secreto un carácter de verdad que es actualmente inseparable. Entre estos prelados, me basta nombraros al cardenal [Domenico] Consolini, al cardenal [Filippo Maria] Guidi, al cardenal [Sisto] Riario Sforza, arzobispo de Nápoles; Mons. [Mariano] Ricciardi, arzobispo de Sorrento; Mons. [Francesco Saverio] Petagna, obispo de Castellammare, y otros ilustres prelados que, de momento, sus nombres no me regresan a la memoria». Hasta aquí la carta de Monseñor Zola.

De hecho, el Papa León XIII no solamente aprobó por dos ocasiones el opúsculo de Melania ofrecido por el autor, sino que también encargó al señor Amadeo Nicolás, abogado en Marsella, «preparar un folleto explicativo del Secreto en su totalidad a fin de que el público le comprenda bien». Y aparte, el profesor Jacques Maritain, del Institut Catholique de París, escribió un artículo sobre el espíritu y alcance del decreto, el cual fue entregado al Papa Benedicto XV el 2 de abril de 1918 , en una audiencia privada, y luego de esta, el mismo Pontífice le dijo: «El Secreto es de origen divino en su sustancia».

CONCLUSIÓN SOBRE LA APROBACIÓN DEL SECRETO DE NUESTRA SEÑORA DE LA SALETTE

De esto se concluye que el Secreto de Nuestra Señora de la Salette es auténtico, digno de todo crédito y aprobado en su totalidad. Personas como Monseñor Bruillard, el cardenal Sisto Riario Sforza, el siervo de Dios Luigi Salvatore Zola (CRL) y, ante todo, los Sumos Pontífices Pío IX, León XIII, San Pío X y Benedicto XV se manifestaron a favor de la credibilidad de estas profecías y las bendijeron de diversas formas. Además, tenemos el hecho de que el Papa San Pío X al leer los documentos exclamó:   «Eh! La nostra santa!» y ordenó a Mons. Carlo Guseppe Cecchini O. P. iniciar el examen de la heroicidad de las virtudes de Melania Calvat. En cuanto a la existencia de la versión del Secreto de 1851 (la más corta), se debió a la presión de sus opositores. Por lo demás, Melania y Maximino decidieron escribir la versión breve, temiendo desobedecer a la Hermosa Señora, pero condicionando la entrega a la persona del Papa Pío IX en cartas selladas (condición que se otorgó gracias al Obispo Bruillard).

Por su parte, en 1873, ya autorizada por la Santísima Virgen, Melania (en religión Sor María de la Cruz) transcribió el Secreto completo —el que transcribimos más arriba—, que fue publicado con la autorización del Obispo de Lecce, en donde Melania residía en aquel tiempo, seis años después en el libro La Aparición de la Santísima Virgen en la montaña de La Salette, con el consentimiento del Papa Pío IX.

(1) Esto, que en principio puede sonar un poco fuerte, demuestra la ingenuidad de Maximino y un testimonio de que la Aparición es verdadera. De hecho, varios Santos recomiendan rechazar con fuerza cualquier clase de aparición, como un San Pablo de la Cruz, por ejemplo, para no ser engañados. Totalmente opuesto a lo que ocurre con las apariciones del demonio, cuyos videntes ignoran este proceder, esto es, el de rechazar inmediatamente, y caen en el aparicionismo diabólico.
Fuentes: Libro: La Saleta ante la razón y el deber de un Católico, por el Dr. Amadeo Nicolás. Traducción de la 2.ª edición francesa. Barcelona, Librería Católica de Pons y Cía., 1861. Blog Miles Christi: wwwmileschristi.blogspot.com/2019/09/la-oposicion-nuestra-senora-de-la.html.
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