EL «DETENTE» DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

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EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS Y SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE

Ya sabemos por el Santo Evangelio que Nuestro Señor Jesucristo les había dicho a sus discípulos: «Yo he venido a poner fuego en la tierra, ¿y qué he de querer sino que arda?». Y para más avivar este fuego de la caridad, Él quiso que se instituyera y promoviese en la Iglesia Católica la veneración y culto de su Corazón Santísimo.

¿Quién habrá, pues, tan duro y empedernido que no se mueva a amar a aquel Corazón Dulcísimo, traspasado y herido con una lanza, para que allí nuestro ánimo tenga como un asilo donde refugiarse y defenderse de la invasión y las asechanzas de los enemigos? ¿Quién no se moverá á honrar diligentemente a aquel Sacratísimo Corazón de cuya herida salió Agua y Sangre, como fuente de nuestra vida y salud?

Así, pues, para instituir y propagar largamente entre los hombres este culto tan saludable y justo, Nuestro Salvador se dignó elegir a su venerable sierva Margarita María Alacoque, religiosa, hermana de la Orden de la Visitación de la Bienaventurada Virgen María, la cual, a la verdad, tanto por la inocencia de vida como por la práctica continua de todas las virtudes se manifestó con los auxilios de la divina gracia, digna de tan grande oficio y misión.

De acuerdo con una carta fechada el 2 de marzo de 1686, Santa Margarita María  le declaraba a su superiora, la Madre Saumaise, lo que en una visión Nuestro Señor le había manifestado: «Que desea [Jesucristo] que se encargue una lámina con la imagen de ese Sagrado Corazón, a fin de que los que quieran tributarle particular veneración puedan tener imágenes en sus casas y otras pequeñas para llevar consigo».

Desde entonces, se puso en práctica esta piadosa devoción y a los pequeños Escudos del Sagrado Corazón que tienen los católicos consigo o adheridos en sus hogares se los conoce con el nombre de Detentes. Santa Margarita, por su parte, fabricó varios de estos Detentes, los difundió entre las novicias de su Orden y confesó que esta práctica era muy agradable a Dios Nuestro Señor.


GRACIAS QUE HA CONCEDIDO NUESTRO SEÑOR A SUS DEVOTOS

En 1789,  con nefastas consecuencias para todo el mundo, Francia sufrió un flagelo muchísimo más terrible que cualquier otra epidemia que se haya podido dar en esta nación: la calamitosa Revolución Francesa. En ese tiempo, los verdaderos Católicos hallaron refugio en el Sacratísimo Corazón de Jesús, y el Escudo protector o Detente fue llevado por muchos Sacerdotes, nobles y plebeyos que resistieron a la sanguinaria revolución anticatólica. Algunas damas de la corte, como la princesa de Lamballe, portaban los Detentes preciosamente bordados sobre sus tejidos. El simple hecho de llevarlos puestos se convirtió en una señal propia de aquellos que eran enemigos de la Revolución Francesa.

Asimismo, a principios del siglo XX, el Detente fue utilizado por los Cristeros en México, los cuales se opusieron a los gobiernos anticristianos opresores de la Iglesia. En España, por su parte, los conocidos tercios carlistas —llamados requetés—, célebres por su piedad como por su arrojo en el campo de batalla, contribuyeron en el triunfo de la insurgencia anticomunista de los años 1936 – 1939.

 

LA BENDICIÓN DEL PAPA PÍO IX Y LAS INDULGENCIAS CONCEDIDAS

En 1870, una devota mujer proveniente de Roma que había consagrado al Sagrado Corazón y a la Santísima Virgen a su hijo, quien se alistaba para la guerra de unificación de Italia, le entregó al muchacho un Detente que ella misma había dibujado sobre un pedazo de paño rojo mientras le decía: «Él [refiriéndose al Sagrado Corazón] te devolverá sano y salvo a mi cariño».

El joven, efectivamente, salió intacto de la contienda, en donde una bala logró impactarle en su pecho; precisamente, ahí llevaba puesto su Detente y el proyectil se detuvo milagrosamente, sin producirle daño alguno. La piadosa madre le declaró este prodigioso suceso al Sumo Pontífice Pío IX . Este, conmovido a la vista de la señal de salvación, le concedió la aprobación definitiva al Sacramental, concluyendo: «Esto, señora, es una inspiración del Cielo. Sí, del Cielo». Y, después de un breve silencio, añadió:

«Voy a bendecir este Corazón, y quiero que todos aquellos que fueren hechos según este modelo reciban esta misma bendición, sin que sea necesario que algún otro Sacerdote la renueve. Además, quiero que Satanás de modo alguno pueda causar daño a aquellos que lleven consigo el Escudo, símbolo del Corazón adorable de Jesús».

Poco después, el mismo Papa, con el fin de fomentar la piadosa costumbre de usar el Detente,  concedió, en 1872, cien días de indulgencia para todos los que, portando esta insignia, rezasen diariamente un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria Patri; adicionalmente, compuso la siguiente oración: 

«¡Abridme vuestro Sagrado Corazón, oh, Jesús! Mostradme sus encanto; unidme a Él para siempre. Que todos los movimientos y latidos de mi corazón, incluso durante el sueño, os sean un testimonio de mi amor y os digan sin cesar: «Sí, Señor Jesús, yo Os adoro. Aceptad el poco bien que practico. Hacedme la merced de reparar el mal cometido, para que Os alabe en el tiempo y Os bendiga durante toda la eternidad». Amén».

 

¿CÓMO SE PUEDE LLEVAR EL DETENTE DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS?

Es aconsejable llevar el Detente a la altura del corazón, con un prendedor o gancho. También es posible usarlo con una cadena o cuerdita, procurando que la altura del Escudo llegue justo al nivel del pecho (1). En cuanto al material de estos, no existe ninguno que deba preferirse ante otros; no obstante, son muy difundidos los Detentes bordados, en tela o paño, con la insignia:

«¡Detente! El Corazón de Jesús está conmigo. Venga a nos el Tu Reino».

Existen, además, algunos adhesivos con la misma insignia del Detente y es costumbre muy difundida pegarlos en las casas, carros, zonas de trabajo o demás lugares concurridos por los fieles.

(1). Sin embargo, no es obligatorio tenerlo a la altura del corazón: basta con llevarlo consigo, rezar con devoción al Sagrado Corazón e implorar su divina protección.
Fuentes: Vida de la venerable Margarita María de Alacoque, de Librería de Francisco Rosal, heredero de José Gorgas, calle de la Boria, n.° 19 (1864).
http://www.catolicosalerta.com.ar/devocion-sgdo-corazon/el-detente-del-sagrado-corazon-de-jesus.html.
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